¿Cómo afecta la lluvia la pesca- es Bueno o Malo? Carpfishing in the rain! – Frank Granados


La lluvia afecta considerablemente al comportamiento de las carpas ya que modifica las características físicas y químicas del agua del lago sobre el que cae.

Una de las alteraciones, común en todas las estaciones del año, es la elevación del nivel de oxigeno disuelto en el volumen global o como mínimo en la capa superficial. En términos generales, un agua bien oxigenada estimula el apetito de la carpa y alarga el intervalo de tiempo que dedica a alimentarse.

En los meses cálidos, la lluvia tiende a calentar el agua, aunque si cae durante un largo periodo de tiempo puede refrigerar el embalse. Inmediatamente después de la típica tormenta veraniega española en la que cae una cantidad de agua considerable, las carpas se activarán alimentándose agresivamente. Sin embargo, durante las estaciones frías, la lluvia es propensa a bajar la temperatura y un intenso aguacero puede hacer caer la temperatura por debajo de los 7ºC, causando la disminución del deseo de alimentarse de la carpa.

Otro dato importante a tener en cuenta es el posible cambio del pH del agua. El pH de un lago varía de acuerdo con un sinfín de condiciones: la fuente de agua, el tipo de suelo, manto rocoso, vegetación… Las carpas se adaptan al pH del medio acuático en el que viven aunque el nivel óptimo para que se desarrollen adecuadamente está comprendido entre 6.8 y 7.8, es decir, rondando la neutralidad. La lluvia ordinaria es ácida, con un pH en torno al 5.5, pero la contaminación producida por el hombre incrementa la acidez hasta 100 veces por encima del nivel anterior. Los datos recogidos por el programa europeo de vigilancia y evaluación muestran que los valores medios de pH del agua de lluvia en Europa son de 4.3 e incluso menos. Si el pH del lago desciende bruscamente por debajo de los 5 puntos, las carpas se estresarán y dejarán de comer.

Simplemente con dos tirillas que contienen los paquetes experimentales podemos determinar tanto el pH de la lluvia como del agua del lago y contrastar los valores, es un sistema fácil, rápido y barato. La lluvia casi siempre viene acompañada de viento y éste último tiene un gran impacto en la conducta alimenticia de la carpa. Lo ideal es un viento templado relativamente fuerte que venga de cara, procedente del sur u oeste que arrastrará nutrientes y junto a la lluvia oxigenará el agua.

No confundamos lluvia con tormenta, aunque las dos puede provocar los mismos resultados no debemos olvidar que las cañas que usamos para la pesca son de carbono, este material es altamente conductor y atrae la electricidad. En el caso de que nos sorprenda una tormenta, lo más recomendable es recoger las cañas y no permanecer cerca de ellas.

Respecto a cebos, montajes y cebados…

Si pesco en un escenario donde haya árboles en la misma orilla me gusta echar mis cebos cerca de ellos e incluso justamente debajo. Las carpas patrullan estas zonas en busca de insectos caídos, pequeños frutos silvestres o cualquier cosa comestible que pueda caer al agua. En estas circunstancias suelo montar una caña con popup sobre un montaje Zig-rig para colocar el cebo en la superficie o a pocos centímetros por debajo de ella, el cebado sería nulo. También me gusta tentarlas abajo con fondantes y una pequeña malla de PVA, nada de cebados copiosos. Por otro lado, si estoy en un embalse “tipical spanish” no suelo variar la estrategia con respecto a un día con la meteorología más favorable, sólo sigo las reglas vistas anteriormente.


Resumiendo, cuando lleguemos al escenario de pesca y uniendo todas las piezas del rompecabezas, podemos suponer de antemano si tenemos posibilidades de volver a casa mojados y con un bolo o si por el contrario existen probabilidades de obtener picadas en nuestras cañas, en tal caso no me importa volver como una sopa 🙂

Artículo escrito por Frank Granados